
Se afianzan las compuertas del cielo entre nubes,
se cargan de odio y chorrean las primeras lagrimas donde se amamanta la tierra.
Que gris es mirar como ángel la lluvia;
se abren muros al sol para detener sus flechas de alba;
se cierran muros para encender las venas que el negro enciende…
Los girasoles cabeza baja presagian una noche aglutinada en negro,
La tierra tiene miedo de que en su seno no florezca el día;
cuanto miedo tuve yo de no volver a despertar…
Mis parpados cerrados como quien jala una persiana.
Mi boca seca como quien deja al sol un hombre de barro…
Tal vez soy un muerto (dice la muerte)
tal vez he dormido profundamente durante todos los siglos.
He olvidado todo menos el recuerdo…
Sigue lloviendo,
alguien abrió el grifo del cielo y están lloviendo ángeles,
niños recogen un su cabello el dolor del día;
el campo tiembla entres las pajas
el temor anuda el viento en cada una de las hojas
y yo vuelvo a mi niñez…
Recuerdo los días,
los días de la noche,
aquellos eclipses de mi alma
los viejos zapatos de aquellos días que hoy quedo descalzo…
¿Veo, lo ves?
Aquél anciano que no es mi intención que mires,
esta caído como árbol y partido como un rayo de verano
Tiene el rostro de las flores cuando se secan,
el mismo sombrero que ochenta años tallo el campo con un buey.
¿Lo ves?
Yo aún lo miro…
Con la mirada de saltamonte perdida en los maizales,
los talones rotos de camino,
los huaraches reventados de ilusión…
¡No quiero que lo sigas mirando!
a mi me a resultado imposible espantar de sus ojos la mirada;
la mirada es un chanate esperando tragarse los recuerdos,
es el inicio y el fin de mi camino en la memoria,
el enjambre que le dio la miel a mis gripas,
esa memoria es el padre sin hijos que parió mi olvido…
¿Tu si recuerdas?
Espero aún florezcan en tu evocación esos recuerdos…
Hace años lo miramos desde la misma ventana que abrió el prado,
Entretejía sus sueños en mimbre donde se acunaba el viento.
Cuantos gatos fueron sus leños encendidos de garrapatas;
aquellos con la roña de destino y las pulgas de dueño…
Los años han labrado las arrugas del viejo,
¿Cuánta esperanza sembró?
Esperaba que los amigos y las cantinas florecieran en sus magueyes.
Odiaría vivir abrazado a la muerte;
por eso no ha muerto y vive aun en mi memoria…
Las horas muren entre gotas de tiempo,
apalean las ventas y bombardean las hojas.
Que triste es morir ahogado sin un rayo de sol que evapore tu alma;
quisiera la reencarnación sin blasfemia e invocar a mis muertos,
revivir mi niñez y despertar al mesquite donde columpiaba mis sonrisas…
Cuántas pencas nacieron del nopal de mis amores en aquel monte,
siempre verdes y rojas sepultaban mi fe entre sus espinas,
Campesina de alma,
surcadora de sueños en los arados de mi piel…
Que vacía es la vida sin sorgo que recolectar en los bolsillos…
Quiero los pies descalzos de camino con las veredas abiertas en las huellas,
Quiero un sendero que como reloj regrese el tiempo,
Quiero la panza de baúl de lentejas,
El pan de nata y el café de hoya cargando mis desvelos…
He de encontrar mi día con sol de maíz,
surcos que marcar,
lluvias que ahogar en los charcos de mis dedos…
Que triste es soñar cuando caes de la cama,
Que triste es no llover y volver a tronar en el cielo,
Que triste es sólo soñar con lo que no tuve y labrar mis sueños en un seco huerto…
Elva*