
La muerte es la peor pesadilla y la más factible premonición.
Hoy sufrí tu dolor en cada uno de mis pasos,
te sentí desmoronar como árbol seco entre mis dedos.
Temo que mi vida no sea el mástil que sostenga tus debilidades
que mis sueños no sean el puente de tu eternidad…
En este sueño te mire ahogado en el cigarro y muerto en las entrañas,
te mire sin sol en los ojos y con la piel apagada de calor,
te mire como estrella fugas, chiquito y azul,
con la sonrisa lejos de ser tu dueña y el rostro ausente…
Te soñé muerto y me dolió tanto como nacer,
tanto como la vida me duele.
Me soñé con alma de barro tratando de guardar tu dolor,
y diluirlo en el mar de cada uno de mis pensamientos…
Como sacarte de mi sangre después de que mis entrañas bebieran la tuya,
duele acostumbrarme a perderte cuando no te has ido.
Tenemos tantos miedos atándonos las venas,
que nuestra distancia son kilómetros de reproches…
Siempre me dolió la mano en la niñez, en ausencia de la tuya,
se me extinguieron las mejillas sin tus besos y calor,
si supieras cuanta ausencia tengo de ti en mi memoria,
duele extrañarte cuando los centímetros son muralla para un abrazo…
Cuanta envidia despertó el cigarro ceñido a tus labios,
no quiero recordar de tu silueta tan sólo el cenicero.
Te quiero vivo y verdugo de mis locuras.
Te quiero como respuesta al final de cada uno de mis acertijos…
Duele no ser lo que esperabas y perderte antes de tener que hacerlo,
ojala encontrara tus sueños marinos en cada paso.
Uno te quiere joven lo mismo que viejo, la edad no es olvido,
uno te espera nuevamente padre en cada uno de tus nietos…
No quiero ver tu silla llena de viento,
No quiero guardarte en mi pupila,
Te quiero delante y tras mis pasos como mi camino,
te quiero en los crucigramas y el domingo por la mañana…
Te quiero como luciérnaga encendiendo de noche de mis pesadillas,
te quiero marinero, pescando sueños y construyendo castillos de viento,
te quiero como el ogro y el salvador de mis cuentos,
te quiero y esto duele tanto, que todo lo que no duele no sirve…
Elva*